En mi cerebro martilleaban aquellos versos…
«Abrázate a los vientos
y cabalga los montes,
que no acabe el paisaje
con el horizonte»
Crónica de aquella convocatoria de exploración previa al Dessafio
- Salida de Castillo de Locubín, 14 de Octubre de 2007, 8:00 h
- Distancia: 88 km
- Desnivel acumulado: 2500 m
Un puñado de ciclistas heterogéneos, venidos de diversos puntos de la comarca y de fuera nos dimos cita al alba en el parque municipal de Castillo de Locubín, para intentar completar un recorrido de montaña que la mayoría sólo habíamos realizado a tramos en ocasiones anteriores. Vinieron un total de 25 amigos de Madrid, Córdoba, Málaga, Granada y Jaén. La ruta comenzó con cierto retraso, debido a los inevitables saludos iniciales y el retraso de algunos, propiciados por las dudas climatológicas, que luego se demostraron infundadas. Disfrutamos de un espléndido día de sol, con algo de viento y nubes por la mañana, y que se volvió a cubrir por la tarde, dejando caer unas gotas de lluvia cuando ya habíamos terminado la ruta. Más no se puede pedir.
Salida agrupada por la carretera de Fuensanta de Martos, con buen asfalto hasta el kilómetro 10 aproximadamente, aunque no exento de duros repechos, hasta que nos desviamos a la derecha por el camino de tierra de Chircales. Manolo, de Ciclocubín, se siente un poco mareado, es el típico bajón producido por el frío mañanero, pero se recupera rápido gracias a su archiconocido pan de higo, que le prepara con mimo su madre, envidia de los compañeros de club. Apenas dos kilómetros de camino de tierra y sufrimos el primer contratiempo, a Eduardo se le rompe el eje de la rueda trasera. No tiene arreglo. Afortunadamente pasa un vehículo que lo acerca al pueblo, y los demás continuamos nuestra ruta, con mucho retraso acumulado.
Aprovechamos el camino a Chircales y Valdepeñas para ir confraternizando, sobre todo aquellos que sólo nos conocíamos por correo electrónico. En la fuente a la entrada del pueblo nos hacemos la foto de grupo (con la excepción del desilusionado Eduardo) y se produce la división entre el trazado corto y el trazado largo. Santi pensaba comerse un bocadillo, pero no le da tiempo y decide posponerlo. Los que tienen prisa cruzan Valdepeñas hasta la parte alta, para tomar el camino que sube a los Ventisqueros, mientras el grueso del grupo, formado ahora por 15 unidades, tomamos rumbo norte y nos lanzamos a la aventura más desconocida.
La carretera de la cooperativa nos conduce hasta el puerto de las Coberteras, un tramo de buen piso aunque con repechos que alcanzan el 15% y hacen mucho daño. Nos reagrupamos en el alto e iniciamos el precioso descenso entre olivos que después se convierten en pinares. El segundo intento de Santi para tomarse su bocadillo queda frustrado de nuevo. El horizonte brumoso nos indica que la amenaza de lluvias se ha quedado en la vecina sierra Mágina, pero no parece inquietarnos en nuestra ruta. La primera parte del descenso es asfalto, pero al cruzar la cancela de Puerto Pitillos disfrutamos de una preciosa bajada por un camino de tierra con zetas. Al fondo, el valle de Valdearazo se presenta espectacular, con los colores amarillos y dorados del otoño. Cruzamos el puente y nos reagrupamos en cortijo Prados. Santi intenta por enésima vez comerse su bocadillo cuando el grupo vuelve a iniciar la marcha, y parece que ya renuncia totalmente a él. La próxima vez traerá barritas.
Subimos el curso del barranco de los Alamillos a un ritmo tranquilo, pero sin pausa. A diferencia de ocasiones anteriores, esta vez no veo ardillas, posiblemente asustadas por el ruido producido por el grupo. Los pinares deleitan nuestra vista, hasta que desaparecen súbitamente al cruzar una cancela, y el camino se vuelve definitivamente ascendente y pedregoso. Los últimos kilómetros hasta la cima se presentan terribles, con una sucesión de curvas que ganan altura muy rápidamente. A nuestros pies tenemos una panorámica espectacular, y el día sigue radiante, luminoso pero sin calor. Estamos disfrutando de un verdadero sueño hecho realidad.
La pista de tierra desemboca en la carretera de Noalejo a Frailes. Giramos a la derecha y nos reagrupamos. Aquí ya estamos bastante castigados, porque la subida de Alamillos es el verdadero plato fuerte del día. Pero aún nos quedan doscientos metros en vertical hasta alcanzar el collado que separa el Paredón y la Sierra del Trigo, dos cumbres plagadas de aerogeneradores, que separan la comarca de la Sierra Sur de su inmediata vecina oriental. Entramos de nuevo en la Sierra Sur descendiendo por una carretera con sucesivas curvas de herradura y asfalto descarnado. Toda una delicia. Casi al final nos desviamos a la izquierda, hacia puerto Pinatero, pero el ascenso es muy corto.
Nos adentramos en la zona rompepiernas de la Solana del Quemado. Hasta el cortijo Carboneros hay un terreno muy quebrado, pedregoso y durísimo, sobre todo después de los dos mil metros de ascenso neto que llevamos en estos momentos. Isidro, con su estilo de ciclista todo terreno, potente pero ágil, no se inmuta. Me recuerda tremendamente a Alvaro Pino, con un físico similar y con las manos juntas en el centro del manillar. Algunos compañeros van haciendo un poco la goma, pero Jaime, impulsivo y generoso como pocos, baja a acompañarlos constantemente; me dice que me despreocupe de ellos y disfrute de la jornada. El también ha hecho de esta cita su bandera. Todo un gesto que debo agradecer.
Sin duda, lo más positivo de la jornada han sido las muestras de compañerismo, solidaridad y amistad entre personas que no nos conocíamos antes de proponer esta concentración ciclista. Me quedo con la huella de una experiencia inolvidable. Después de dedicar muchas horas de trabajo a difundir mi pasión por la bicicleta y por mi tierra en foros de ciclismo y a través de mi página web, he recibido el mejor de los premios a que se puede aspirar: el reconocimiento y la amistad de un grupo de gente muy, pero que muy legal.
Al pasar el cortijo Carboneros subimos el último tramo duro del día. Llegamos muy cansados a la verja de la finca de la Solana. Intentamos atravesar el camino privado en silencio, para no espantar a los animales, pero es inevitable el ruido procedente del grupo de ciclistas. Acertamos a ver un pequeño grupo de muflones que corren por la ladera derecha, pero esta vez no vemos las grandes manadas de ciervos que en otras ocasiones he divisado hacia las montañas de la izquierda. Son más de las dos de la tarde, y seguramente la hora influye negativamente. Algunos del grupo consiguen divisar la cornamenta fugaz de un venado. Finalmente descendemos el camino paralelo al curso del arroyo de Cabañeros, y al llegar a la carretera de Frailes se produce la última división del día. Seis ciclistas deciden bajar hasta Castillo por carretera, ahorrándose 7 ú 8 kilómetros, mentras que los nueve supervivientes nos dirigimos a la Hoya de Charilla, ahora por asfalto. Finalmente descendemos vertiginosamente un tramo asfaltado que supera el 20% de desnivel, para continuar el descenso por un camino de tierra que nos lleva hasta el arroyo Guadalcotón. El vadeo de este arroyo en cuatro puntos consecutivos añade un punto de diversión al final de esta bonita ruta, y finalmente llegamos a Castillo a las 16 h., contentos pero exhaustos.
Los compañeros que se separaron en el último punto ya están en el restaurante del parque, y nos han preparado una estupenda mesa donde nos disponemos a recuperar fuerzas, con bebida y comida abundante, que pagamos a escote.
Aprovechando que volvemos a tener cobertura de teléfono (el 80% del recorrido no dispone de ello) llamamos a Eduardo, para ver qué tal volvió a casa. Ya está descansando, y la bicicleta esperando para acudir al taller mecánico. Eduardo no se lo piensa dos veces y se viene a celebrar con nosotros el final de la jornada.
Todo el mundo está contento y dispuesto a repetir. Ahora toca pensar cómo lo hacemos el año próximo.
Un agradecimiento especial a los amigos que se han desplazado desde Madrid, La Palma, Granada, Cabra… y especialmente a los ciclistas de Alcalá y La Pedriza, núcleos de población cercanos, pero a veces muy distantes. La jornada de este domingo nos ha servido para unirnos un poco más, y puede ser el comienzo de una gran amistad.
Escrito en Madrid, el 16 de Octubre de 2007
Remigio Olmo asumió el liderazgo de la organización y la coordinación logística desde su sede en Castillo de Locubín, en un papel crucial para que las cosas salieran como debían. Jaime Javier Castillo aportó su trabajo y el de la Peña Ciclista Alcalaína, y otros 20 amigos de la Peña y de Ciclocubín formaron parte de la Organización, cuidando todos los aspectos de la prueba, casi todos ellos anónimamente, pero sin cuyo trabajo nada podría haber salido adelante.
Cuando teníamos diseñadas las bases de lo que sería el primer Dessafio, un pequeño traspiés nos hizo ponernos alertas ante la envergadura de lo que íbamos a afrontar. El 20 de Marzo de 2008 quisimos hacer un ensayo oficial. Era Jueves Santo y pensamos que mucha gente se apuntaría aprovechando las vacaciones, aunque la climatología no era buena, porque se preveían lluvias casi todos los días. Convocamos por internet a los amigos de clubes ciclistas cercanos para que vinieran a Castillo de Locubín, con la intención de realizar el recorrido completo del Dessafio. La previsión meteorológica para la mañana del Jueves no preveía lluvia, pero el terreno estaba muy húmedo por las lluvias de días pasados. Nos presentamos provistos de chubasqueros, y con la misma moral de siempre iniciamos el recorrido. Esta iba a ser la primera vez que un grupo de ciclistas iba a completar el circuito diseñado originalmente para el Dessafio, que posteriormente sufriría dos pequeñas modificaciones hasta configurar el trazado actual. En la primera edición del Dessafio no se contemplaba el paso por los Llanos de Alcalá ni por la zona conocida como «Los Cortijos».
Coronamos el puerto de Chircales con sol, aunque en el horizonte se observaban nubes oscuras sobre las sierras de Valdepeñas. No podíamos imaginarnos lo que nos esperaba un par de horas más tarde. Nada más llegar al valle del Valdearazo, al cruzar el puente para llegar a Cortijo Prados, la pista de tierra se convirtió en una superficie pastosa y pegajosa, que dificultaba mucho la marcha. Ya no podíamos volver atrás. Descansamos en Cortijo Prados dispuestos a seguir la ruta, pero el camino tenía cada vez más barro, que nos impedía avanzar. Comenzó a llover. Ni siquiera podíamos empujar las bicis, porque el barro se acumulaba de tal forma que el roce con las horquillas las dejaba bloqueadas. Tuvimos que desmontar y recorrer a pie unos seis agónicos kilómetros hasta llegar al puerto de Alamillos, con las bicicletas al hombro. A las seis de la tarde conseguimos alcanzar un punto con cobertura telefónica, para avisar al menos a las familias de las circunstancias que nos habíamos encontrado. La sierra es traicionera y ese día nos mostró su peor cara. Ha quedado grabado en nuestras memorias como «el Dessafio del Barro«.
I Dessafio de la Sierra Sur de Jaén
Toda la información histórica del I Dessafio de la Sierra Sur de Jaén
Isidro Nieto plasmó su experiencia como participante en la prueba en una bonita crónica.
Después vinieron Alcalá la Real, en 2009, con pequeños cambios para mejorar el recorrido y un incremento en el límite de participantes, y Valdepeñas de Jaén, en 2010, donde alcanzamos la madurez como organización, cosechando grandes elogios, tanto de los participantes como de las instituciones, patrocinadores y la prensa. Conseguimos gran repercusión pese a nuestra política de no pagar dinero a ningún medio de comunicación para que publicaran artículos sobre nuestra prueba ni pagar el caché de ciclistas famosos para que participaran (una costumbre muy común en este mundillo).
He dedicado al Dessafio los momentos más intensos de estos últimos cinco años de vida. Ha sido inevitable robar mucho tiempo a mi familia para poder sacar adelante este proyecto personal y colectivo. He sufrido situaciones de estrés y responsabilidad muy poco gratas, y también he vivido, a nivel personal, grandes decepciones. Hablo en primera persona, pero cualquiera de los miembros de la organización podría suscribir estas mismas palabras.
Aunque las críticas recibidas de participantes y prensa han sido muy positivas en general, cada una de las pequeñas frustraciones vividas, por poco importante que sea, se convierte en una espina clavada, que nos lleva siempre a ver cuán lejos estamos de la perfección. Sin embargo, pese a todo, hemos visto realizado nuestro sueño, y por ello estoy feliz.
El mapa topográfico del Dessafio 2011 permite reconocer todos los lugares que menciono en este artículo: (más información en http://dessafio.org)









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