London-Edinburgh-London 2022. En medio del laberinto.

En mi segunda participación en la gran prueba de larga distancia London-Edinburgh-London (nueve años después de mi primera participación) formé equipo con otros seis compañeros de Madrid, dispuestos a vivir una aventura marcada por la incertidumbre meteorológica y un recorrido por carreteras con mal asfalto, llenas de baches y socavones, plagadas de inusitadas cuestas que en ocasiones alcanzan el 20%, obligando a desmontar a muchos ciclistas (entre ellos, yo mismo).

Las previsiones descartaban la lluvia, lo cual nos animó mucho a todos los participantes, aunque la ola de calor, que nos azotó especialmente en la segunda mitad del recorrido, tampoco fue nada desdeñable e hizo mella en todos los participantes. Nuestra planificación inicial contaba con realizar jornadas largas pero equilibradas, pudiendo descansar un mínimo de 4-5 horas diarias. Sin embargo, la realidad se presentó como siempre, implacable con los optimistas, y tuvimos que rediseñar nuestro plan varias veces para poder terminar a tiempo, más cansados y con mucho más sueño de lo que podíamos pensar al principio.

Spoiler: solo 900 ciclistas de los 1800 inscritos inicialmente consiguieron finalizar la prueba. Fueron 1500 los que tomaron la salida en grupos de 50 desde muy temprano en la madrugada del domingo 7 de Agosto hasta las 15 h aproximadamente, cuando salieron los últimos grupos. Debido a los cortes de carreteras por obras, se habían incluido algunos cambios en varias secciones, incrementando la distancia total hasta 1540 kilómetros, por lo que la Organización consiguió los permisos de la ACP para extender el tiempo límite de homologación de la prueba hasta 128 horas. Sin embargo, más que el incremento en distancia, los cambios supusieron una importante dureza añadida, ya que para superar la cordillera de los Pennines en el norte de Inglaterra tuvimos que cambiar el conocido ascenso a Yad Moss (largo pero tendido) por dos puertos de mucha mayor magnitud (Harthope y Killhope, pasando por Saint John Chapel, con largas rampas de gran dureza, que alcanzaban el 20% de pendiente. Como consecuencia, todos los ciclistas vieron alterados sus planes y muchos no pudieron finalizar la prueba.

En este vídeo reflejamos toda nuestra aventura:


Día 1: Debden – Hessle (304 km, 1800 m desnivel, 13 horas en movimiento)

Salimos de Debden (Loughton) el domingo 7 de Agosto a las 8 AM y realizamos el recorrido previsto con ligeros desfases sobre nuestro plan inicial. El tiempo nos respetó y disfrutamos de un día soleado, atravesando la zona de los canales (los «Fens«) con muy poco desnivel, parando en los controles de Saint Ives, Boston y Louth.

Antes de llegar a Louth coincidimos con nuestro amigo Rupert, el de la bici reclinada, con quien hicimos algunos divertidos relevos aprovechando su velocidad en la bajada. Íbamos coincidiendo con muchos ciclistas desde la salida, como la inglesa Helen (dorsal K37), que estaba realizando la ruta en solitario y no paraba de reírse por el ritmo irregular de los españoles, que igual la adelantábamos como nos quedábamos atrás.

A pesar de las colinas de Louth, este tramo fue el más llano de toda la ruta y alcanzamos más de 23 km/h de media en movimiento. Llegamos a Hessle hacia las 00:05 h en la madrugada del día 8 y nos dispusimos a dormir 5 horas.


Día 2: Hessle – Brampton (270 km, 3500 m desnivel, 14:30 h en movimiento)

El segundo día de la London-Edinburgh-London 2022 se presentó con la inesperada dureza del tramo entre Malton y Barnard Castle a través del parque natural «North York Moors«, una sucesión de rampas terribles de subida y bajada, por carreteras estrechísimas en las que apenas cabían una bicicleta y un coche. A la postre, este tramo resultó ser la verdadera etapa reina de la prueba, un verdadero laberinto de colinas infinitas con subidas imposibles.

Todo esto fue previo a la teórica etapa más importante de la LEL, que a priori era el sector entre Barnard Castle y Brampton, con el paso de los dos puertos de montaña de los North Pennines. Llegamos a esta parte de la ruta seriamente dañados por el sector anterior y nos pusimos en «modo ahorro».

Nuestros planes se rompieron en esta parte y terminamos llegando a Brampton después de las 12 de la noche. En lugar de seguir nuestro camino hasta el destino previsto en Moffat, dejamos esta jornada en menos de 300 kilómetros, aunque con un desnivel acumulado de más de 3500 metros.

A estas alturas ya nos habían abandonado dos de los compañeros que iniciaron la ruta con nosotros, Pedro y Antonio, que se quedaron en controles anteriores con la intención de ir a su ritmo y presumiblemente volverse a Londres a mitad de ruta. Los demás estábamos dispuestos a continuar con el plan y finalizar la prueba, aunque tuviéramos que reajustar el plan y quedarnos sin dormir alguna noche. En el control de Barnard Castle (uno de los mejores, con comida abundante y variada) nos reagrupamos los supervivientes, repusimos fuerzas y nos lanzamos hacia las montañas.

Llegamos a Brampton pasada la medianoche, con una triste velocidad media de 18,5 km/h en movimiento. Por suerte, encontramos un voluntario vasco que nos ayudó a encontrar cama rápidamente y algunos conseguimos dormir cuatro horas aproximadamente… Otros tuvieron que contentarse con hacerse un hueco por alguno de los pasillos atestados de ciclistas que dormían por todas partes.


Día 3: Brampton – Innerleithen (268 km, 2700 m desnivel, 14 h en movimiento)

Al retraso del día anterior decidimos sumar una hora más durante la mañana y salimos a las 6 AM del día 9. Éramos conscientes de que estábamos acumulando retrasos, pero el cansancio no nos permitió salir antes. Este día era uno de los más importantes de la ruta, el que determinaría si estábamos en condiciones de acabar nuestro reto o no.

Comenzamos con la motivación extra de entrar en Escocia y llegar a Edinbugh, en el punto medio de la ruta. A partir de ahí todo sería descontar kilómetros hasta la meta.

El primer control en tierras escocesas estaba en Moffat, en el km 638, con una impresionante abundancia de comida y bebida, y un trato amabilísimo. Para nosotros fue el mejor control de toda la prueba. Aquí es donde pensábamos haber llegado el día anterior, pero no fue hasta las 10 AM cuando hicimos nuestra entrada en el control. Digamos que llevábamos unas 5 horas de retraso sobre nuestro plan inicial.

No teníamos por delante grandes barreras montañosas, así que parecía una buena jornada para recuperar. Además, pronto nos alcanzó el grueso del equipo valenciano de Massamagrell, un grupo muy constante con el que daba gusto rodar y que nos animó durante un buen tramo, hasta el control de Dunfermline (Edinburgh).

Sin embargo, el ritmo era cansino, los kilómetros no avanzaban y no recuperamos lo que nos hubiera gustado. Además, el paso por el puente hasta Dunfermline resultó un poco confuso, y el hecho de tener que atravesar toda la ciudad de Edimburgo nos retrasó bastante. Terminamos azotados por el sueño, pidiendo la hora en la llegada al control de Innerleithen, en el km 829. Nuestro compañero José Manuel sufrió una caída leve en el puerto antes de bajar a Innerleithen. Llegamos juntos, pero muy cansados, hacia la 1 de la madrugada del miércoles 10 de Agosto.

En algún punto del recorrido, Ángel perdió su dispositivo GPS, que saltó a la cuneta, plagada de maleza y ortigas. Nos llevamos unos cuantos rasguños buscándolo. Finalmente lo encontramos con la función de localización de dispositivo de Garmin.

Otro de los contratiempos que estuvo a punto de fastidiarnos la ruta fue la rotura de un tornillo de la potencia de David, cuando los mecánicos de Dunfermline se la estaban apretando «un poco». Por suerte, estos mismos mecánicos consiguieron una potencia de una bici que les habían dejado por allí para sacar piezas, y pudieron sustituirla en un tiempo aceptable. David estuvo a punto de ver cómo su ruta terminaba aquí, pero por suerte pudo continuar.

En nuestros planes originales habíamos pensado alcanzar Brampton, en el km 938, pero nos quedamos dos controles por detrás, a 110 km de nuestro objetivo. Estábamos muchas horas por detrás de nuestra planificación inicial y muy peligrosamente cerca de los tiempos de cierre de control. José Manuel fue atendido por los sanitarios y parecía que su caída no tenía más consecuencias, pero nos dijo que nos fuésemos sin él…


Día 4: Innerleithen – Malton (309 km, 3500 m desnivel, 17 h en movimiento)

Dado el gran retraso que llevábamos, esta noche tocó dormir poco. Apenas una hora y media. No quedaban camas disponibles, aunque esperé un poco y me dieron una colchoneta dispuesta en una carpa exterior, previa advertencia de que no quedaban mantas. La temperatura era muy fría, pero había un calefactor en uno de los laterales de la carpa y Manuel tuvo la suerte de ubicarse allí. En mi caso, me tocó una colchoneta en segunda fila, demasiado cerca de los toldos que hacían de pared, pero demasiado lejos del calefactor, y no disponía de mantas… Saqué la manta térmica (un recurso muy ligero y muy práctico, que todo randonneur debe llevar en su bolsa) y, aunque hacía un ruido bastante molesto, conseguí acurrucarme en ella y descansar algo más de una hora.

Los cuatro supervivientes de la ruta decidimos ponernos en marcha a las 4 AM. Los valles de Innerleithen y Eskdalemuir nos ofrecieron los mejores momentos de esta London-Edinburgh-London, con un precioso amanecer por unas tierras verdes, plagadas de praderas, bosques y ríos. Hacía un frío penetrante y la niebla pegada al horizonte resultaba mágica. Disfrutamos mucho, pero rodábamos demasiado despacio, quizá embelesados por la belleza del paisaje o quizá agotados tras el desgaste de las dos jornadas previas.

Llegamos a Brampton (km 938) a las 11 AM el miércoles 10 de Agosto. Como teníamos nuestro «bag drop» en este control recogimos las bolsas, nos dimos una ducha reparadora, renovamos vestuario y baterías, recargamos comida y comenzamos la segunda fase de esta London-Edinburgh-London. Ahora teníamos que remontar las 7 horas perdidas con respecto a nuestro plan inicial (y ya habíamos pasado una noche casi sin dormir).

En nuestro plan inicial, la jornada 4 debería haber comenzado en Brampton a las 5 AM y finalizado en Hessle, pero llevábamos dos controles de retraso. Decidimos distribuirlos en las dos jornadas siguientes y tratar de remontar uno de los dos controles en esta, es decir, finalizar esta noche en Malton, en el km 1134. Nos quedaban 200 km desde Brampton y ya eran las 12 del mediodía. No era una tarea imposible, pero tampoco era nada fácil. Los dos segmentos que venían a continuación habían sido los más duros de la ida: el paso por los North Pennines y el durísimo tramo de Barnard Castle a Malton.

En mitad de los dos puertos de los North Pennines, la Organización había concertado un punto de asistencia en el pintoresco pueblecito de Saint John’s Chapel, donde se podía comer y beber (aunque no estaba incluido en el precio de la prueba; era necesario abonarlo aparte y lo hicimos encantados).

Por suerte, el camino de vuelta no pasaría por las rampas imposibles de North York Moors, pero la Organización nos tenía preparada otra trampa, atravesando un laberíntico infierno de estrechísimos caminos vecinales plagados de colinas sin fin… El grupo se disgregó. Manuel quiso quedarse descansando un poco más en Barnard Castle (donde volvimos a encontrar comida variada y abundante), David decidió esperarle y Ángel se vino conmigo para intentar llegar a dormir a Malton.

Antes de entrar en esos complicados últimos 30 kilómetros, nos detuvimos a tomar un refresco en un curioso pub, «The Arden Arms«, donde un grupo de típicos señores ingleses de pueblo estaba disfrutando de sus correspondientes pintas. Se interesaron mucho por nuestra presencia a aquellas horas de la noche y tuvimos una conversación de lo más simpático, tratando de explicarles con toda naturalidad por qué estaban pasando tantos ciclistas por su pueblo ese día. Nos escucharon flemáticamente y asintieron impasibles, deseándonos «good luck» para la noche.

Tras varias paradas más por cansancio y sueño, al final teminamos superando el laberinto y llegamos a Malton (km 1134) Ángel y yo hacia las 3 AM del jueves 11 de Agosto. Nos dimos cuenta de que habíamos transitado muy penosamente los últimos 30 kilómetros y habíamos llegado extremadamente tarde, pero al menos habíamos recuperado uno de los dos controles perdidos. Ahora solo estábamos un control por detrás de nuestras previsiones iniciales. Eso sí, a costa de no dormir.


Día 5: Malton – Saint Ives (273 km, 1800 m desnivel, 13:45 h en movimiento)

A las 7 AM nos pusimos de nuevo en marcha, después de dormir menos de 3 horas, con el objetivo de recuperar el tiempo perdido y alcanzar Saint Ives en esta jornada, tal como habíamos planificado originalmente.

Hacia las 11 AM atravesamos el control de Hessle y el puente Humber, en el km 1200. A estas alturas ya habíamos completado «una PBP» y «solo» nos faltaban 300 km para llegar a meta. Un toque de optimismo 🙂

Ángel y yo decidimos parar a echarnos una siesta de 10 minutos y mitigar el sueño que nos atacaba a esas horas. Lo hicimos en la única sombra que encontramos durante un largo trecho y allí nos alcanzaron Manuel y David. Los cuatro españoles terminamos reagrupados en ese tramo, antes del control de Louth, en el km 1259. Estábamos peligrosamente cerca del cierre de control, que teóricamente era a las 15:38 h.

A las 14:30 h me di cuenta de que nos faltaban 30 km. Tendríamos que rodar a una media de 27 km/h para llegar en tiempo. Es cierto que los controles intermedios no son relevantes, porque la Organización nos permitía llegar fuera de hora a un control si éramos capaces de recuperar tiempo en el siguiente, así que mis compañeros no estaban preocupados. Sin embargo, yo tenía el empeño personal de conseguir todos los sellados dentro de los márgenes de tiempo, así que decidí acelerar en ese tramo y me lancé a una contrarreloj alocada de una hora. Adelanté a todo trapo a muchos grupos que se quedaban boquiabiertos, pensando «Están locos estos españoles»… pero conseguí entrar en tiempo, a las 15:34 h. Mi pequeña excentricidad del día.

Nos unimos a unos ciclistas de Bristol que rodaban muy bien, y así llegamos a Boston, en el km 1312, a las 19:40 h, dando relevos con una energía recuperada. Ya solo nos faltaba un tramo de 89 km para reencontrarnos con nuestra planificación original. Además, por el terreno plano de los Fens y con viento a favor. Todo comenzaba a pintar bien. Sin embargo, la falta de sueño nos siguió azotando y tuvimos que hacer varias paradas en ese interminable tramo.

La falta de reflejos me hizo tener un encontronazo con Manuel, a quien alcancé por detrás y ambos nos fuimos por el suelo. Varias pequeñas heridas sin consecuencias, resueltas con unas tiritas, y seguimos adelante. En ese punto nos alcanzó un ciclista canadiense, Michelle Lemairi, con el dorsal R30, con quien fui charlando un rato y eso ayudó a mitigar el sueño.

Llegamos a Saint Ives (km 1401) a las 2:45 h del viernes 12 de Agosto. Estábamos en el lugar previsto, pero con casi 10 horas de retraso y debíamos ponernos en marcha antes de las 5 AM para asegurar nuestra entrada dentro del margen de tiempo. Otra noche durmiendo apenas 2 horas…


Día 6: Saint Ives – Debden (120 km, 800 m desnivel, 6 h en movimiento)

Muertos de sueño, pero motivados porque ya solo nos quedaban 120 kilómetros, iniciamos nuestra última jornada el viernes 12 de Agosto a las 7 AM. Recorrimos infinidad de colinas hasta Debden, pasando por la monumental ciudad de Cambridge.

El último control se encontraba en Great Easton, km 1472, donde llegamos a las 9 AM (justo según nuestro plan inicial) y dimos cuenta de un buen desayuno para afrontar los últimos 50 km de ruta. Yo aproveché para dormir una pequeña siesta mientras mis compañeros terminaban de desayunar.

El calor empezaba a apretar muchísimo, de una manera totalmente inusual por estos lares, y se nos hacía muy difícil rodar con agilidad.

Finalmente alcanzamos la meta en Debden a las 12:30 h, con una hora de margen aproximado sobre el cierre de control, muy contentos por lograr terminar la prueba y haber superado las mil circunstancias en contra que se dieron.

Ha sido una edición contradictoria, porque las previsiones eran muy favorables. No hubo lluvias, pero finalmente el calor hizo mella en nosotros. Lo más determinante ha sido el cambio de recorrido de esta prueba, incluyendo el tramo de North York Moors, que ha sido el juez inapelable para muchos participantes. Al final, solo han conseguido terminar la prueba 900 de los 1500 ciclistas que tomaron la salida, apenas un 60 % del total. Una tasa del 40% de abandonos es realmente alta para una prueba randonneur.


Fotos publicadas en las redes sociales de la Organización (varios autores):

Así eran los «bag drops», de un color diferente para cada control. En este caso, las bolsas en Brampton:

Atardecer en Barnard Castle. A esa hora aproximadamente cruzamos el puente nosotros:

Uno de los controles en la madrugada:

Colores en el cielo. Cualquier carretera de Inglaterra o Escocia al atardecer:

Los dormitorios de la LEL. Así eran los espacios para dormir en cada uno de los controles:

Y así termina una edición más de esta fantástica prueba.

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