Este artículo corresponde a una ruta que realizamos un día lluvioso de primavera de 2006, cuando comenzábamos a hacer cicloturismo de montaña por la Sierra Sur de Jaén…
Córdoba, Jaén y Granada tienen un vértice común, situado en un paraje de los que nos gustan a los cicloturistas, al que se llega por carreteras secundarias y donde se puede disfrutar del encanto silencioso de la bicicleta.
No muy lejos de Alcalá la Real, en una zona de media montaña a la que se llega a través de la Sierra de San Pedro, en medio de olivares en pendiente, tan típicos por esta zona.
Para llegar a este punto estratégico podemos seguir esta propuesta, que sale de Alcalá hacia las aldeas de Puertollano, Las Grajeras y la Rábita. En esta última se encuentra un pequeño y casi oculto desvío a la izquierda, por lo que fue una antigua carretera, ahora en bastante mal estado, pero todavía transitable, que nos introduce en la provincia de Córdoba al alcanzar El Solvito. En este punto nos dirigimos hacia Almedinilla, pasando por Castil de Campos, cerca de Fuente Tójar. Atravesamos Almedinilla tomando la subida con zetas que nos lleva hasta nuestro objetivo.
El punto donde se encuentran las tres provincias es Venta Valero, donde encontramos una bonita cruz blanca. Apenas tocamos la provincia de Granada para dirigirnos de nuevo hacia Alcalá la Real, a través de las aldeas de Venta de Agramaderos y la Pedriza, en la carretera de Montefrío.
Una ruta corta, no demasiado exigente, pero con un perfil bastante rompepiernas:

Estas fotos se obtuvieron en aquel día que compartí con Lizana y Rafa Ruiz bajo la lluvia, y que siempre recordamos como uno de los días en que disfrutamos de verdad del cicloturismo en nuestra comarca.

Epílogo.

Este artículo es solo un compendio de fotos y una descripción vaga de una de ruta por la comarca un día lluvioso. A primeros de siglo un puñado de ciclistas empezábamos a cultivar la afición en la comarca, culminando apenas unos años después con el Dessafio de la Sierra Sur de Jaén. Aquel domingo fue uno más de aquellos en que bajaba de Madrid a Castillo de Locubín para pasar el fin de semana con la familia. A veces me llevaba la bicicleta y quedaba con Rafa Ruiz, como en este caso. Aquel sábado fue muy lluvioso y tuvimos dudas sobre la ruta, pero el bueno de Lizana, con quien quedábamos muchas veces para conocer sus pequeños paraísos secretos, diseñó una ruta por carreteras muy apartadas y, ante nuestras dudas, se limitó a decir: «¿Qué pasa? ¿La lluvia le va a hase’ buhero’ a la bisicleta?». Todo un leit motiv que nos impidió poner excusa alguna.

Desgraciadamente el bueno de Lizana nos dejó trágicamente en 2025. Sirva este artículo como modesto reconocimiento a quien fue una buena persona.

José A. Jiménez